Aug 26 2010
Entre Noja y Santoña
El verano es para descansar, disfrutar del sol, comer helados, comprar en las ferias y acostarse muy tarde. Sin embargo para los que no aceptan fácilmente los estereotipos es posible aprovechar esta época para madrugar con el objetivo de admirar los primeros rayos de sol brillando en las húmedas arenas de la playa o salir a las 7 de la tarde no a tomar una copa sino a caminar entre las rocas de la costa mientras se observa a los cangrejos retirarse o se percibe el lento movimiento ascendente de la luna.
Noja es un pueblo al norte de Cantabria cuya vida tradicional se ha venido basando en comunidades que vivían de la pesca, la agricultura y la ganadería, actualmente es un destino turístico aunque no ha perdido su carácter de pequeña villa. Cuenta una leyenda que el fundador de Noja fue uno de los nietos de Noé, así que es un municipio cuya historia se inició hace mucho tiempo, verdad o no la cuestión es que las primeras referencias escritas datan del siglo X.
Es una localidad donde es posible encontrar mucha tradición y un cierto aire señorial, también mucho respeto por el medio natural que ofrece representaciones de interés. Una de estas representaciones es el monte Brusco que separa Noja y Santoña a través de las playas Trengadín y Berria. La ruta del Brusco es un recorrido para caminantes intrépidos
Se puede realizar el camino por la playa o por una carretera y pista que la bordean, en cualquiera de los casos y una vez llegados al monte Brusco hay que ascenderlo, no es complicado porque encontramos escaleras de piedra. Y está claro que una vez llegados a Berria deberemos regresar habiendo completado un recorrido fantástico observando las agujas kársticas en la playa de Trengadín o la marisma Victoria si hemos elegido la carretera para caminar.
Entre las recomendaciones para el camino del Brusco están: salir pronto por la mañana o a partir de las 7 de la tarde, no olvidar agua y comida, utilizar gorra para protegerse del sol y estar seguros de nuestra condición física puesto que en algún tramo se encuentran rocas escarpadas. No es apto para niños pequeños. El recorrido total es de unos 9 kilómetros y se complete o no es una ocasión ineludible para disfrutar de las vistas a las calas y al mar Cantábrico.